Una imagen inquietante se cierne desde la vista aérea. Surcos de color rojo carmesí brotan a borbotones y caen repentinamente sobre el manto inmaculado de la gélida Antártida. El blanco níveo se ve interrumpido por chorros de ese fluido perturbador desde los interiores del glaciar Taylor. Un nombre incómodo bautiza el fenómeno: las "Cataratas de Sangre”, que surgen insoslayables entre el paisaje idílico y que intrigaron a la ciencia hasta ahora.
Antártida en alerta: científicos advierten que la gripe aviar H5N1 se expandió completamente y amenaza a la fauna nativaEn los valles secos de McMurdo, en el continente antártico, se encuentran las Cataratas de Sangre, el descubrimiento del geólogo Thomas Griffith Taylor de 1911 y que desde ese momento alimentó un siglo de especulación científica. Ahora, los mismos especialistas develaron este misterio centenario con una explicación perfectamente razonable, lo que echa por tierra las teorías propias de ciencia ficción.
La química de las Cataratas de Sangre
Claramente, las Cataratas del gigante de hielo, en la Antártida oriental, no rezuman sangre de verdad y, por fortuna, los pingüinos no están siendo pulverizados en un caldo sangriento entre trozos oscilantes de hielo. Sin embargo, desde su hallazgo, los científicos han estado perplejos sobre los orígenes de su llamativo color, sin mencionar lo que causa que el espeluznante chorro sea bombeado desde el suelo y evita que se congele.
Antiguamente, se creía que las algas eran las responsables de la pigmentación. Sin embargo, estudios posteriores giraron la mirada hacia el hierro presente en un lago subterráneo, el cual se oxidaría instantáneamente al contacto con el aire. Pero la ciencia tiene sus propios giros inesperados: recientemente se descubrió que no se trataba de hierro mineral convencional, sino de nanoesferas.
El secreto de las bacterias y la sal en las Cataratas de Sangre
Estas partículas diminutas habrían sido "empaquetadas" por antiguas bacterias metabolizadoras de metales que habitan en las profundidades, bajo la fuerza extrema de la masa gélida. El hierro, extraído directamente del lecho del lago, viaja en una salmuera tan saturada de sal que desafía las leyes térmicas de la zona: el agua simplemente no puede congelarse, permaneciendo líquida a pesar de las temperaturas bajo cero.
Si el origen del color ya fue revelado, quedaba una incógnita física: ¿qué tensión es capaz de bombear esta sustancia desde las entrañas de la Tierra? Un nuevo estudio publicado en la revista Antarctic Science parece haber encontrado la respuesta mecánica detrás del fenómeno. El geocientífico Peter Doran, de la Universidad Estatal de Luisiana, sostiene que el responsable es el propio peso y movimiento del glaciar Taylor.
Las Cataratas de Sangre, un latido geológico profundo
A través de un complejo sistema de GPS, cámaras de alta velocidad y sensores de temperatura, el equipo de Doran detectó un comportamiento fascinante en 2018. Cuando las cataratas "erupcionaron", registraron un descenso brusco de la temperatura bajo el hielo, coincidiendo con cambios críticos en la carga mecánica.
El coloso de cristal se desplazó apenas unos centímetros, pero ese leve empuje sobre el depósito de agua salada oculta fue suficiente para forzar el líquido a través de las grietas. Como si se tratara de una herida que supura ante la opresión, el glaciar Taylor expulsa su contenido ferroso, regalándonos uno de los espectáculos más extraños y cautivadores del continente blanco. El misterio, finalmente, ha sido puesto bajo el microscopio.